En la V edición del Coloquio Internacional Patria se dedicaron diversos espacios para la discusión de los usos de la inteligencia artificial dentro del campo de la comunicación. Varios teóricos, entre ellos el comunicador Estanislao Santos, en su taller sobre cómo realizar reels políticos con IA, compartieron con los presentes la manera en que los medios usan estos instrumentos para mejorar o automatizar sus contenidos y procesos.
Esto evidencia que más allá de ser una herramienta tecnológica, la IA se ha convertido en un actor clave en la construcción de narrativas, en la forma en que se presentan los conflictos y en cómo se moldean las percepciones colectivas.
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Cada vez son más comunes los contenidos que combinan elementos de entretenimiento con información. Este tipo de formatos resulta más atractivo, capta la atención y genera mayor interacción, especialmente en las redes sociales. Si a esto se suman las facilidades que brinda la inteligencia artificial generativa para crear imágenes y piezas audiovisuales, la producción de contenidos informativos deja de ser un monopolio de los medios. Allí radica la necesidad de que los profesionales del sector dominen estas herramientas con eficiencia y las utilicen de forma efectiva para su mejora continua.
Primeramente se debe conocer qué son y cómo funcionan las herramientas de IA. Las respuestas a las siguientes preguntas: ¿Qué son? ¿Cómo funcionan? ¿Pueden evitar cometer errores en sus respuestas? deben ser conocidas por todos los que las usan.
Una respuesta superficial a esas interrogantes sería la siguiente : las IA generativas son 'máquinas' que completan patrones. No piensan ni razonan como el cerebro humano; más bien calculan, palabra por palabra, cuál es la continuación más probable a partir de pautas que han aprendido a través de millones de ejemplos que se les suministraron durante su proceso de desarrollo. Estos ejemplos son extraídos de libros, sitios web, redes sociales y foros , y sirven para ejemplificar los patrones del lenguaje humano. Luego es cuestión de matemáticas y porcentaje: se calcula cuál es la respuesta más probable y se devuelve como la correcta. Este proceso funciona para la generación de todo tipo de contenidos. Esta incapacidad de pensar y saber resulta en respuestas que pueden parecer automáticas, robóticas y hasta discordantes.
En consecuencia, el usuario dentro de este ecosistema enfrenta cada día una necesidad más urgente: convertirse en un agente capaz de discernir, no solo de consumir. La audiencia adquiere la responsabilidad de protegerse ante el auge de contenidos generados por IA,parte de los cuales se publican con la clara intención de desinformar. No todo lo que circula ha pasado por un proceso de revisión, un uso ético de las herramientas o una verificación mínima de veracidad.
También se debe tener en cuenta que los algoritmos que rigen estas plataformas no son neutrales. Favorecen aquellos contenidos que generan reacciones emocionales —sean o no verídicos—. Lo que vemos en nuestras pantallas responde a intereses económicos y políticos, no solo a la voluntad de informar. Aun cuando no siempre sean fácilmente reconocibles, detrás de cada elemento informativo que consumimos hay una intencionalidad por parte del creador. Como usuarios, puede resultarnos entretenido y hasta saludable preguntarnos: ¿cuál puede ser la intencionalidad de esto?
Precisamente debido a lo artificial de las herramientas sus usos acarrean riesgos. A fiel imagen de sus creadores, la IA presenta sesgos que pueden reforzar estereotipos o favorecer visiones parcialidades. Cómo instrumento fueron creadas para siempre tener una respuesta, cuando no la conozcan recurrirán a las alucinaciones y la invención. Por eso es cada vez es más difícil distinguir entre lo real y lo generado, aunque existen algunas recomendaciones que pueden ser efectivas.
Consulte además: Tecnología que transforma, humanidad que decide (+Video)

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