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domingo, 15 de marzo de 2026

Eterno Baraguá

Baraguá significa pasión revolucionaria, continuidad histórica de nuestras luchas, sentimientos muy hondos y valores profundos del alma pública...

Yusuam Palacios en Exclusivo 15/03/2026
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Eterno Baraguá
La Protesta de Baraguá es un pilar de la resistencia, de la consagración patria. (José Ángel Téllez Villalón / Cubahora)

¡El futuro de nuestra patria será un eterno Baraguá!
Fidel Castro Ruz

Diez años de cruenta lucha ya sumaba la Revolución iniciada en La Demajagua. El triunfo parecía diluirse entre posturas regionalistas, caudillistas, discriminatorias, de resquebrajamiento de la unidad; y ello en medio del enfrentamiento a las tropas españolas que, ya también desgastadas, optaron por la alternativa de buscar una solución pacífica, que no fue otra que proponer a los mambises cubanos un pacto de paz, de cese de las hostilidades, de fin de la guerra. Ese pacto de paz no contemplaba ni la independencia de Cuba ni la abolición de la esclavitud, los principales objetivos por los que habíamos peleado desde aquel 10 de octubre de 1868. Cuba no sería libre tras la aceptación y firma del pacto, la patria guardaría en su alma la llamada Guerra Grande. El Pacto del Zanjón, nombre del lugar donde hubo de firmarse, significaría la paz anhelada, pero Cuba seguiría siendo colonia de España.
Y acaso, ¿sería esa la postura digna, revolucionaria y consecuente con tanta sangre derramada por la libertad? No podía ser la imagen de debilitamiento la que quedara para la historia. Ante el Zanjón hubo una respuesta, la de la intransigencia revolucionaria, la del espíritu patriótico de los cubanos dignos, la de los hombres que radicalizaron la lucha por la independencia de la patria. Ocurrió el 15 de marzo de 1878, ocurrió en Mangos de Baraguá, donde el suelo vibró con la fuerza telúrica de la sangre fertilizadora de las raíces del patriotismo y heroísmo ejemplar. Y allí, con serenidad y firmeza, con la más absoluta convicción de ¡Independencia o Muerte!, estaba el Titán de Bronce con las armas de la razón y el corazón inflamado de patria, defendiendo la causa sublime de la contienda emancipadora. Era Antonio Maceo y Grajales, quien pronunció un ¡no! rotundo a la propuesta pacificadora de Arsenio Martínez Campos. No pactaríamos una paz sin la independencia de Cuba y sin la abolición de la esclavitud. Ese fue el no, nos entendemos de Maceo. 
Postura digna de un cubano dispuesto a dar su vida por la salvación de su patria, de quien como expresó José Martí: Tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo. Y es que Antonio Maceo, mulato del Oriente cubano, hijo de una mujer que por su actuación heroica sirvió de abrigo y sostén en plena manigua para convertirse, con sus hijos en lucha, la madre de todos los cubanos, la Madre de la Patria. Era Antonio hijo de Mariana, llevaba su espíritu redentor en la ética que lo definió, en la cultura del que fue parte esencial (la cultura Maceo-Grajales), en la vocación de justicia que lo acompañó siempre y en la lucidez que lo guiaba como guerrero y como hombre de ideas, quien supo descifrar las pretensiones, no solo del pacificador representante de la corona española en 1878, sino de los que querían que Cuba se anexara a los Estados Unidos. Maceo era un hombre muy inteligente, y lo demostró todo el tiempo, aún en medio de contradicciones.
Del Titán de Bronce en su histórica Protesta de Baraguá hablaría Fidel cuando conmemorábamos cien años del inicio de las luchas por la independencia de la patria: “(…) emerge, con toda su fuerza y toda su extraordinaria talla, el personaje más representativo del pueblo, el personaje más representativo de Cuba en aquella guerra, venido de las filas más humildes del pueblo, que fue Antonio Maceo (…); en el momento en que aquella lucha de diez años iba a terminar, surge aquella figura, surge el espíritu y la conciencia revolucionaria radicalizada, simbolizada en ese instante en la persona de Antonio Maceo (…)”.
La Protesta de Baraguá es un pilar de la resistencia, de la consagración patria. El pueblo cubano, representado por Antonio Maceo y otros patriotas salvaron el ideal de la Revolución, la moral de los cubanos, la honra de los verdaderos hijos de la patria. Y con Baraguá nos hemos levantado ante cada amenaza, agresión o ataque de los enemigos de la Revolución Cubana. Ha sido una historia de continuidad, de salvaguarda de principios, de ese sol del mundo moral que nos abraza y protege cual manto de luz ante las pretensiones frías y calculadoras de quienes mancillan el alma de la patria. 
La constante lucha del pueblo cubano por mantener su independencia y soberanía tiene una raíz muy profunda en aquel acontecimiento trascendental ocurrido en Mangos de Baraguá. Y como ayer se levantó la voz maceísta de la intransigencia revolucionaria, hoy se han de levantar muchas voces de reafirmación de los valores de la Revolución. Defender la soberanía nacional es mantener vivo el legado de la Protesta de Baraguá, así como luchar contra el imperialismo dondequiera que esté. Baraguá ha de significar unidad entre los cubanos que queremos a Cuba, los cubanos que viven dentro y fuera de la nación siempre y cuando sean dignos. Baraguá significa pasión revolucionaria, continuidad histórica de nuestras luchas, sentimientos muy hondos y valores profundos del alma pública. Baraguá significa justicia, apego al derecho de Cuba a vivir su Revolución, a legitimar jurídicamente el destino de la patria. La batalla jurídica de nuestro pueblo encuentra en Baraguá un baluarte, expresado en la breve pero digna Constitución mambisa. 
Y hoy tenemos plena libertad y nuestro deber es preservarla, defenderla y cuidarla de quienes intentan socavarla y privarnos de ella. Ante el peligro y la amenaza imperialista, que no se detendrá, porque el fin de esa política genocida hacia Cuba es destruirla, derrocar la Revolución Socialista Cubana, colocar un yugo opresor y de dominación sobre nuestro pueblo; se yergue un eterno Baraguá. Así lo aprendimos de Fidel en circunstancias tan difíciles, cuando parecía que todo se perdía allí estaba la llama encendida, el decoro de los hombres que no se acoquinan, no se rinden, no claudican jamás. Porque Baraguá es no claudicar sino resistir, es crear en carne viva, sudando la calentura, cultivando la tierra bañada de sangre heroica. Porque Baraguá es no ser ingenuos sino tener como Villena la pupila insomne y estar alertas ante los peligros que nos cercan.
A propósito de la Protesta de Baraguá diría nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro en el centenario del suceso histórico: “Nosotros tuvimos nuestros reveses, duros; los tuvimos en el Moncada. ¡Ah!, pero nunca nos dimos por vencidos. Los combatientes del Moncada nunca se dieron por vencidos, nunca aceptaron la derrota. Era el espíritu de la Protesta de Baraguá. En la cárcel jamás se humilló ningún combatiente, jamás aceptó la derrota. Era el espíritu de Baraguá. Después del desembarco del Granma los reveses fueron grandes, pero muy grandes, podrían parecer insuperables; pero nadie se dio por vencido. Los que sobrevivieron, decidieron continuar la lucha. ¡Era el espíritu de Baraguá!”.
Vivimos una hora de definiciones, de asumir como Antonio Maceo y los patriotas que lo acompañaron, la postura más revolucionaria, más radical que no significa extremista, pero sí profunda, de búsqueda de las raíces, de ir a las honduras del corazón de la nación que, aunque no se le ve, sí se le siente; ¡y con qué fuerza cuando se le lastima! Nuestra historia nos muestra momentos de gran trascendencia. Baraguá y la protesta protagonizada por Maceo es uno de ellos. Lo es la copa quebrada por José Martí en 1879 al no brindar por la política existente en Cuba colonial; lo es el “¡Aquí no se rinde nadie…!” del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, lo es el “¡Patria o Muerte!” que nos enseñó Fidel, lo es la Revolución misma con un pueblo capaz de los más grandes sacrificios por mantener viva la libertad y soberanía de la patria. 


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Yusuam Palacios


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