Gerardo Echemendía Madrigal, “Serapio” ya no recorre las calles de Sancti Spíritus con dos maracas y un bulto de ejemplares del periódico Escambray bajo el brazo, pero su imagen quedó recogida en una escultura del bulevar de la capital espirituana.
Su estatua refleja al Serapio de las comparsas de la villa del Yayabo, y compositor de melodías como esta: «Si tú pasas por mi casa y ves a mi mujer, tú le dices que hoy no me espere que yo con Pueblo Nuevo me voy a echar un pie…»
Para rendirle homenaje, cada 25 de diciembre se le canta la más conocida de sus obras y se le deposita una ofrenda floral al inolvidable creador en 1957 del pegajoso pasacalle difundido por Pío Leyva.
En una visita a la estatua para la cual posó, notamos las maracas, pero el centro de la curiosidad fue un bulto bajo el brazo que resultaron ser ejemplares del periódico provincial Escambray, sobre lo cual un transeúnte que me reconoció se detuvo a explicar.
“Chang, ese es el periódico que tu fundaste como jefe de Redacción el cuatro de enero de 1979, y que junto a los instrumentos musicales revela la vida diaria de Serapio, que también se dedicaba a vender periódicos.”
Lamentablemente no recuerdo al amable informante que hubiera querido consultar para dar más detalles en esta nota sobre la vez en que Serapio desplegó un periódico sobre la cabeza de la estatua para cubrirla de una llovizna.
Ahora vienen a los recuerdos los voceadores habaneros que anunciaban la noticia de mayor impacto para atraer clientes, y también los llamados tongueros que acaparaban tongas de periódicos para que un grupo de personas a su servicio los vendieran.
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Como parte del pasado reciente quedan los estanquillos y esos carteros que con tremenda puntería lanzaban un periódico enrollado hasta los apartamentos de un quinto piso, y los revendedores que cobraban un peso por cada ejemplar.
Para los músicos son significativas las maracas en la mano de la estatua esculpida por Félix Madrigal, pero los profesionales de la prensa agradecemos que se inmortalice que además de la entrega a los suscriptores, las ventas ambulantes de las publicaciones.
Sobreviven hoy Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores con significativas reducciones, lo cual no solo afectan a los que siguen prefiriendo las lecturas en soporte tradicional, sino a quienes usaban el papel para solucionar decenas de problemas.
Además de cubrirnos de ligeras lloviznas como cuentan que hizo Serapio con su estatua, no fueron pocas las veces en que alguien lo colocó sobre una acera o muro para sentarse, o los pintores de autos para cubrir los cristales.
Luego de que un periódico envejecía, también podía servir para proteger los huevos y que no se rompieran al ser introducidos en una bolsa, y muy común era utilizarlos para envolver objetos o taparlos para que miradas indiscretas no pudieran saber el contenido.
Viajeros que iban en las ventanillas de los vehículos los empleaban como tapasol, y en innumerables ocasiones sirvieron para hacer anotaciones al no contar con una libreta de notas, también fueron vistos para taponear ranuras.
Los conductores de vehículos también deben extrañar la existencia de las publicaciones porque eran magníficas para dejar sin grasa los parabrisas y lograr visibilidad durante la lluvia, y lo más reciente fue que la esposa de un colega se refirió a cuánto le resolvería tener periódicos para encender el carbón.
Hay muchos motivos para extrañar los periódicos y las revistas, pero esperemos que el hábito de leerlos no se pierda con esta ausencia que ojalá no sea extremadamente prolongada y los medios digitales conquisten toda la atención.

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