En una ciudad donde el béisbol dominó durante décadas el imaginario deportivo, el estadio La Polar resistió el paso del tiempo como uno de los símbolos más auténticos del fútbol cubano. Situado en el municipio habanero de el Cerro, muy cerca de Puentes Grandes, el recinto no solo acompañó el crecimiento del balompié nacional, sino que también fue el primero en dar el paso adelante hacia la modernidad.
La historia del estadio comienza un día de la cultura nacional, específicamente el 20 de octubre de 1929. Su nombre viene de una antigua cervecería cercana llamada La Polar, la cual en competencia con otra cervecería –Tropical–, inauguró este estadio y con el tiempo la gente terminó adoptándolo de manera natural, como pasan esas cosas en Cuba. Por su parte, Tropical patrocinó su propio estadio después, el cual hoy se conoce como Pedro Marrero. Todo como resultado de una disputa de patrocinio privado típico de la época.
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Hasta 1944 el terreno acogió varios eventos nacionales y sirvió de refugio al balompié. Es en este mismo año 1944 que sufre los efectos de un ciclón que lo fuerza a cesar sus actividades. Más tarde, sin haberse recompuesto aún del todo, el terreno sufrió un incendio en abril de 1946. La historiografía sugiere, a través de medios de la época como el Diario de la Marina, que fue un siniestro "orquestado" para cobrar el seguro y reconvertir el espacio al béisbol, deporte que en aquel entonces desplazaba a "la patada" en el favor popular.
Tras años de abandono y uso como campo de sóftbol, un movimiento de veteranos y figuras como Pedro Miret –mártir de la Revolución– impulsó su rescate. El 25 de octubre de 1974 se reinauguró con un histórico duelo entre Santiago de Cuba y La Habana.
Con el auge que tomó el fútbol en los últimos 15 años y las visitas de los presidentes de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), Joseph Blatter en el 2013 y Gianni Infantino –actual presidente– en el 2017 se catalizó la instalación de la primera manta sintética del país, un proyecto que marcaría el inicio del programa Forward en la isla.
En julio del 2025 sería finalizada la segunda fase bajo la ejecución de las entidades Dinvai Construcciones S.A. y la ECOA 53. Además del terreno artificial provisto por la empresa Green Fields con relleno de caucho negro de última generación, se incorporaron paneles solares y un sistema hidráulico.
Como metáfora de esta resiliencia, el histórico arco de entrada permanece en pie; aunque está estructuralmente comprometido y no puede ser enderezado, ha sido reforzado con metal para asegurar su permanencia. Es un símbolo de un estadio que, aunque inclinado por el peso del tiempo, se niega a caer.
Esta estrategia costó más de 1.7 millones de dólares. Y confirmó la alianza entre la Asociación de Fútbol de Cuba (AFC) y la FIFA, articulada mediante el programa Forward 3.0, ha sido una herramienta de transformación tangible ante la asfixia de recursos locales agravados por cuestiones económicas.
Al respecto, el presidente de la AFC, Oliet Rodríguez, declaró que “El final de la renovación significa mucho más que tener nuevas gradas, césped artificial o infraestructura. El trabajo que hemos realizado constituye una inversión para el futuro, una inversión para las nuevas generaciones que sueñan con convertirse en futbolistas o que simplemente quieren practicar este deporte”
Desde un punto de vista sociológico, La Polar actúa como un pulmón social. Es más que un recinto deportivo, es un eje de urbanización que ha acarreado consigo mejoras en viales de acceso y redes eléctricas para la comunidad. Además del lanzamiento del programa "Football for Schools", en colaboración con UNESCO, el cual ha integrado a más de 60 niños aledaños, utilizando el deporte como vehículo de alfabetización social y desarrollo de habilidades para la vida.
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Asimismo, Los 45 años de juego ininterrumpido de la Liga de Veteranos que existe desde 1974 son el tejido que mantuvo vivo el estadio durante muchos años. Su permanencia garantiza que el estadio no pierda su alma comunitaria frente al proceso de modernización por el cual transcurre, pues en cuba el deporte es derecho del pueblo.
La casa del equipo de fútbol de la capital no es solo cemento y hierba, es memoria viva del fútbol cubano. Si se permite que la desidia reclame este espacio una vez más, no solo se perderá una inversión financiera, sino un fragmento insustituible de la identidad nacional.

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